Comentario al Evangelio, 30 de julio de 2022


Mattia Preti “Fiesta de Herodes” óleo sobre lienzo, 1656-1661. Museo de Arte, Toledo (Ohio), foto: wikimedia commons

Del Evangelio de hoy: “En aquel tiempo el tetrarca de Herodes escuchó la noticia de Jesús. Y dijo a sus sirvientes: “Este es Juan el Bautista”. Resucitó de entre los muertos y, por lo tanto, poderes milagrosos obran en él”. Porque Herodes había arrestado a Juan y lo había atado en la cárcel por causa de Herodías, la esposa de su hermano Felipe. Porque Iván le advirtió: “No debes retenerla”. Con mucho gusto lo habría matado, pero tenía miedo de la gente, porque lo llamaban profeta. Ahora, cuando se celebró el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías bailó ante los invitados y complació a Herodes. Por lo tanto, prometió bajo juramento darle todo lo que ella pidiera. Y ella, que ya había hablado con su madre, dijo: “¡Dame la cabeza de Juan Bautista aquí en un cuenco!”. El rey estaba triste. Pero por su juramento y por sus compañeros mandó que se la dieran. Por lo tanto, habiendo enviado al verdugo, hizo decapitar a Iván en la mazmorra. Su cabeza fue traída en un cuenco y dada a la niña, y ella se la llevó a su madre. Y vinieron los discípulos de Juan, tomaron su cuerpo y lo sepultaron; entonces fueron y se lo dijeron a Jesús” (Mt 14, 1-12).

Tres o incluso cuatro veces al año, se mencionan las circunstancias de la muerte de Juan el Bautista, en los registros de varios autores de los Evangelios, y este es Marcos, este es Mateo, y este es Lucas. Probablemente porque la advertencia también es importante. Asi es como funciona. Un pecado por lo general conduce a otro y otro. Herodes Antipas se involucró en una relación con Herodías, la esposa de su hermano (Herodes Boethos), con quien luego se casó, lo que los judíos no reconocieron, porque dejó a su primera esposa y se divorció de ella. Su siguiente pecado fue su lujuria por Salomé III, su sobrina (ella bailaba en el Evangelio). El siguiente pecado fue el asesinato de Juan el Bautista. También estuvo presente en la sentencia de muerte de Jesús… Cuando entramos en el círculo del pecado grave, la mayoría de las veces nos sentimos impotentes. En tales situaciones, ya ves que no vendremos solos. Más aún, en tales situaciones le pedimos ayuda a Dios. Él no nos dejará.

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